1. Motivaciones Ideológicas y el Impacto de la Revolución Cubana
El viraje de José Mujica hacia la militancia revolucionaria se gestó en un contexto de efervescencia ideológica y desencanto con las opciones políticas tradicionales. En 1962, tras su experiencia en el Partido Nacional, Mujica, junto a su mentor político Enrique Erro, abandonó esta formación para cofundar la Unión Popular. Este nuevo espacio político, que aglutinaba también al Partido Socialista del Uruguay y al pequeño grupo Nuevas Bases, intentó ofrecer una alternativa desde la izquierda, postulando a Emilio Frugoni como candidato presidencial. Sin embargo, el resultado electoral fue exiguo, obteniendo apenas un 2,3% de los votos, lo que evidenciaba las dificultades para canalizar el descontento por vías electorales convencionales en ese momento.
La situación de crisis social y económica que atravesaba Uruguay, sumada a la creciente represión gubernamental, creó un terreno fértil para la radicalización. En este escenario, la Revolución Cubana de 1959 ejerció una influencia determinante, no solo en Mujica sino en toda una generación de jóvenes latinoamericanos que veían en la experiencia cubana un faro de esperanza y un modelo a seguir para la transformación social. El Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), que comenzó a gestarse a principios de la década de 1960 y se consolidó formalmente entre 1963 y 1965, surgió con el objetivo explícito de establecer un Estado socialista en Uruguay. Para los Tupamaros, la vía pacífica hacia el poder estaba descartada; la lucha armada era considerada la principal forma de lucha del pueblo, a la cual debían subordinarse todas las demás estrategias. Esta convicción en la necesidad de la violencia revolucionaria como partera de un nuevo orden social fue un elemento central en la ideología del MLN-T y en las motivaciones de quienes, como Mujica, se sumaron a sus filas.
2. Rol y Acciones Dentro de la Guerrilla Urbana: Un Análisis Crítico
José Mujica se integró formalmente al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros en 1964. Desde ese momento, participó activamente en diversos operativos guerrilleros, compaginando inicialmente estas actividades con su trabajo en su chacra, hasta que la persecución policial lo obligó a pasar a la clandestinidad. Dentro de la estructura del MLN-T, Mujica no fue un militante de base más; llegó a ser jefe militar de una de sus columnas, lo que indica un rol de liderazgo y responsabilidad en la planificación y ejecución de acciones.
Entre las operaciones en las que se vio involucrado, se destaca su participación en la preparación de un asalto a un importante grupo económico que, según la información que manejaban los Tupamaros, acumulaba clandestinamente grandes sumas de dinero en oro y libras esterlinas para evadir impuestos. Fue precisamente durante los preparativos de esta acción, en marzo de 1970, cuando Mujica resultó gravemente herido. En un enfrentamiento con una patrulla policial en un bar de Montevideo, intentó resistir el arresto y recibió seis impactos de bala, que le ocasionaron la pérdida del bazo y lesiones en el páncreas, dejándolo al borde de la muerte.
Su historial en la guerrilla también incluye múltiples detenciones –cuatro en total– y dos espectaculares fugas de la cárcel de Punta Carretas, que se convirtieron en hechos legendarios y contribuyeron a forjar su imagen de astucia y audacia. La más célebre de estas evasiones fue la conocida como «El Abuso», ocurrida en septiembre de 1971, cuando más de un centenar de presos políticos, incluyendo a Mujica, escaparon a través de un túnel cavado desde el interior del penal hacia el exterior.
El MLN-T, como organización guerrillera urbana, llevó a cabo una variedad de acciones que incluían asaltos a bancos (considerados expropiaciones), secuestros de figuras relevantes del ámbito político y empresarial, y, en algunos casos, ejecuciones. Si bien Mujica ha afirmado en reiteradas ocasiones no haber cometido asesinatos personalmente, atribuyéndolo a «pura casualidad», su participación en un movimiento que empleó la violencia como herramienta política es innegable. Es importante contextualizar que, según testimonios como el de Raúl Sendic, uno de los principales líderes del MLN-T, la guerrilla en su etapa inicial buscó aplicar una táctica de «menor violencia posible», a la que se refirió como «guerrilla de guante blanco». No obstante, la espiral de acción-represión-acción llevó a un incremento progresivo de la violencia, especialmente durante el gobierno de Jorge Pacheco Areco, que respondió con una intensificación de las medidas represivas.
La experiencia guerrillera de Mujica, con sus éxitos tácticos como las fugas espectaculares y sus elevados costos personales, incluyendo graves heridas y la necesidad de vivir en la clandestinidad, fue un período formativo crucial. Estas vivencias no solo forjaron en él habilidades de liderazgo, capacidad de organización y una notable resiliencia, sino que también lo confrontaron directamente con los profundos dilemas éticos inherentes al uso de la violencia como instrumento político. Las habilidades de supervivencia y liderazgo desarrolladas durante sus años como guerrillero, como el ingenio demostrado en las evasiones carcelarias y la disciplina requerida por la organización clandestina, resultarían vitales para soportar los largos y brutales años de prisión que le esperaban. Su discurso posterior, en el que ha reconocido errores de aquella etapa pero sin renegar completamente de su pasado militante, sugiere una continua reflexión sobre estos complejos dilemas éticos. Esta etapa, por lo tanto, no fue meramente una «escuela de guerra», sino también una forja de carácter y una confrontación directa con las complejidades morales de la acción política radical. La capacidad que demostró años más tarde para abogar por la reconciliación y la democracia, sin repudiar de forma absoluta su pasado guerrillero, le confirió una autenticidad particular que resonó con amplios sectores de la población uruguaya, especialmente aquellos que comprendían o habían vivido el convulso contexto de violencia y represión estatal de las décadas de 1960 y 1970.